El nudibranquio bailarina española debe su nombre a las espectaculares branquias carmesí con volantes que ondean como una falda de flamenco cuando el animal se mueve. Este gran nudibranquio, que alcanza unos 25 cm, habita arrecifes rocosos y zonas de cascajo a profundidades de 5–40 m en aguas tropicales y subtropicales. A pesar de su llamativo aspecto, la bailarina española es nocturna y se alimenta de esponjas tóxicas, almacenando sus compuestos defensivos en sus propios tejidos como protección. Los buceadores que avisten una durante el día deberían considerarlo un regalo: la mayoría de los encuentros ocurren después del anochecer.
Más probable de ver en
Sitios donde su área y hábitat la hacen probable, aún sin un avistamiento registrado.